Crónica de El Punt sobre la Nit de les Lletres Catalanes y la intervención de S. Cóppulo Girona se mostró orgullosa, viernes por la noche, de volver a ser la anfitriona de la Nit de Santa Llúcia. El Pabellón Municipal de Fontajau presentaba un aspecto poco usual, con las gradas cubiertas de una tela -partida en dos mitades por el centro, donde se entreveía un gran escenario- que reflejaba los tonos azulados de los focos que colgaban del techo, y que miraban de reproducir el color del que en la carta se explicaba que pretendían ser los ríos Ter y Onyar, entre los cuales cenamos el poco más de un millar de asistentes a la velada. La Bodega de Can Roca se hizo cargo del ágape, de manera impecable, siguiendo la tendencia general de todo: sobrio, efectivo, sin salir del guión previsto, pero también sin margen para la sorpresa; se va echar de menos en el acto una cierta agilidad y, sobre todo, sentido del humor. Dieron la bienvenida los presentadores de la noche, Cristina Puig, periodista y presentadora de televisión, y el cantante Gerard Quintana, que fueron precedidos, pero, de un recorrido audiovisual por campanarios de algunas villas de Catalunya, como símbolo de comunicación entre pueblos. Después, entre los entrantes, la ensalada de bonito, la primera tanda de reparto de premios y la terrina de pato, actuaron Gerard Quintana y Jaume Sisa, acompañado del Cor Maragall de Girona, que interpretó Qualsevol nit pot sortir el sol, dando paso a uno de los momentos memorables de la noche, lo entrega del premio Òmnium Cultural de Televisión. Recogió el galardón Sílvia Còppulo, responsable del programa Amb ull de dona, de TVE Catalunya, que articuló un discurso muy sólido, ante los responsables de un gobierno que ha puesto en marcha a frotar la paridad, primero sobre la potenciación del papel de la mujer en la sociedad y después sobre la construcción de un modelo de país basado en el crecimiento del catalanismo social. Còppulo, la más elegante de la velada con mucha diferencia, confesó encontrarse en una situación paradójica, puesto que le estaban otorgando un premio por un programa del cual no sabía del cierto si acababa de grabar el último o el último capítulo, «porque resulta que un gobierno ha decidido eliminar la programación en catalán de TVE y reducirla a una franja de media hora diaria de noticias», dijo emocionada, pero resuelta, desfogándose. « ¿Cómo podemos hacer crecer el catalanismo social? ¿Necesitamos el catalán y que se hable de Catalunya, sino, como se puede construir un país plural?», se preguntó la periodista. Su parlamento fue interrumpido varios golpes por los aplausos, y la ovación final fue larga y sentida. La periodista había lanzado un reto, y más tarde el presidente de Òmnium, Jordi Trae, remacharía el clave. Hacía falta ver si alguien recogía el guante. A la espera de comprobarlo, algunos pensaban cómo acababa el chiste que Sisa había explicado a Cristina Puig y Gerard Quintana sobre qué gritan siete gambas al Fossar de les Moreres, y que la presentadora, equivocando el registro, empezó a explicar pero nunca lo acabó de hacer. Mientras tanto, se entregaron los premios más importantes de la noche. Joaquim Pijoan agradeció la valentía del jurado, al premiar con el Sant Jordi la obra de un autor que todavía no ha publicado nada. Después fue el turno de Jordi Trae que, antes que nada, anunció que el marco de la celebración, el año próximo, será la ciudad de Reus. Porta no renunció a hablar en plata sobre el cierre de Radio 4, la reducción de la programación en catalán de TVE o el aumento de una hora de castellano a las escuelas catalanas. Después de Porta, habló la alcaldesa, Anna Paganos, que precedió el presidente Montilla, el cual hizo aquella perpetua sensación de incomodidad que ya nos empieza a ser familiar. De todos los retos que se habían lanzado desde el atril del escenario, entre metáforas sobre la cultura como tierra fértil y citas literarias, el Presidente sólo recogió un guante, el que había lanzado Còppulo: «Puedo garantizar a Sílvia Còppulo que no ha grabado su último programa en catalán a Santo Cugat», dijo, en un momento en qué salió del guión. Y la fiesta literaria acabó con políticos, organizadores, galardonados -desde el escenario- e invitados cantando Els Segadors. Por cierto, las gambas gritan: « Somos una ración! Somos una ración!»
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